sábado, 10 de septiembre de 2016

Tarde

Mal dormir, peor soñar.
Este silencio ya no es suspiro
y queda todo el cielo por barrer.

Amontonar vidas en las nubes,
tan sencillo es no querer.
basta parpadear por dentro.

Repetirse en los muros,
no decir el nombre,
dejar ayer para mañana.

Todavía queda algun lienzo
desatando otras cascadas,
esperando sólo esperar.

Refugios a cal y canto,
la mente olvida,
pero aún se oye la lluvia.

Otra vez contra el reflejo,
papeles que esconden curvas,
espacios entre líneas.

Lo raro es lo demás, cubierto
de tender paisajes por la borda,
así de simple, así de absurdo.

No disparen a este abrazo,
era otoño todavía.
Cristales secos, hojas rotas.

Persiste el eco del vacío.
No volverá a lucir el tiempo
en los rescoldos de magia muerta.

sábado, 15 de agosto de 2015

Ahí vamos.

Esto es lo que permanece después de la tormenta, de la duda, de la vida cuando ya no queda nada, y estiramos la mano y alguien la aferra y sentimos que ya puede pasar de todo y no tememos que nada pase, porque estamos ahí, en medio de todo, la mano sujeta, lejos de la soledad, de esa necesidad urgente de saber si había alguien allá fuera y aunque a veces cueste, sabiendo que nada fallará, aunque a veces falle y todo cueste y parezca que no y casi, casi, nos perdamos en cada mar infinito que surge a cada paso, a cada puerta que entreabrimos, a cada paso que no damos.

Pero no. Esta esa mano. Ahí. Esa mano vieja, a veces antigua, a veces recién llegada, a veces firme, a veces temblorosa, a veces lejos pero no distante, pero que sujeta todavía, que nos dice, nada más temblando, que está ahí, que no se suelta, que un día, o un momento, o una vida, se tendió, perdida como la nuestra en este infinito universo que borbotea silencios y dudas, que la nuestra es  la mano que encontró cuando, detrás de todo, buscaba algo, algo sincero, algo firme a lo que si no aferrarse, al menos tocarse, reconocerse, saberse y que bueno, que está ahí para cuando haga falta y está ahí cuando hace falta, y que no lo dice, pero espera que sea así y no lo decimos, pero sabemos que será así, que haremos lo posible, que no podemos afirmar, nadie puede, que pasará en ese futuro que se va  medio construyendo medio descubriendo cada instante, y que  aunque parezca que no, aunque el tiempo irrumpa devorando, o los kilómetros o lo que sea, estaremos, o estará al menos la sombra suficiente de aquellos momentos, tal vez de esos precisos momentos, para recordar que podremos perdernos, y no saber, y equivocarnos, y que ahi fuera se equivocan, y se pierden, y no saben, pero que bueno, que siempre queda algo, que siempre hay algo que hace que merezca la pena, que cuánto cuesta construir todo, que qué rápido desaparece y que cuando todo cae, cuando nada queda, estaremos, o haremos por estar, toda esta red tendida de manos abiertas que si cae, aunque sea solo un amago, no será, no lo permitiremos, ni demasiado hondo, ni por mucho tiempo.

domingo, 9 de agosto de 2015

Viejos árboles

Hay días que sí 
y días que no,
días que sí se puede 
y días que cuestan,
que se atragantan los minutos,,
que todo pasa tan despacio,
que todo está tan lejos,
que no se oye nada,
nada,
y el silencio
pesa,
pesa,
acorrala,
abruma,
hiere,
y el tiempo
se muere
se agota
se estira
se espera,
no llega,
no pasa,
no vuelve, 
no termina
de acabarse.

Hay días que siguen a un momento
y son ese momento todo el día
y solo queda esperar a que la vida siga,
porque al final la vida sigue y todo se olvida,
porque tiene que olvidarse,
porque todo pasa, 
porque tiene que pasar,
porque no puede doler tanto,
no todo el tiempo,
todo ha de irse,
de borrarse,
y se borran los rostros,
los buenos, los malos,
y los nombres, 
los buenos, los malos
los años,
los buenos, los malos
y nada queda 
de lo que fue todo
y nos rompemos,
y ya está, ya está hecho,
y toca
lo que toque.
Y todo sigue,
y ya está dicho,
y ya veremos,
y ahora tocar seguir, sí
todo eso.
Pero ¿Cómo seguimos?
¿Cómo empezar?
¿Cómo se cierra,
se entrecierra,
se deja de mirar la luz
de esa otra puerta
que quisimos cruzar,
que no supimos,
o que nada más
esta ahí,
planteando 
la probabilidad equivocada,
la otra, 
esa vida distinta
sin este momento,
sin estos días
que cuestan tanto
que duelen tanto,
que no pasan aunque se acaben,
que el corazón recuerda 
aunque lo demás se borre?


martes, 7 de octubre de 2014

Pues...

¿Que quién soy?

Pues...

Podría decir cómo me llamo,
esa es fácil,
la mayoría de veces,
me la sé.

O qué hago,
o qué he hecho.

O qué debo hacer
cuando debo hacer algo
o qué debo hacer
y porqué creo que debo hacerlo,
o qué hago
cuando no tengo
que hacer nada
y esa nada
amenaza con el tedio
y yo intento
no encontrármelo.

O porqué a veces duele tanto
no saber la respuesta,
que solo necesito que todo
pase rápido.

O en quién pienso
cuando necesito
pensar en alguien,
o en qué pienso
cuando no quiero
pensar en absoluto
y sin embargo,
por mucho que apriete los ojos,
por mucho que no quiera,
la tormenta sigue y no estalla,
y todo sigue ahí fuera
y todo pasa.

O contar qué sueño cuando duermo,
y compararlo con la vigilia,
y esos otros anhelos,
esas otras vidas posibles,
esos otros momentos
en que parecía una buena idea.

O, no sé, coger los trozos del ahora
y pretender quitarle el caleidoscopio de este momento,
e inventarme un pasado perfecto hecho de retales.

O contestar con esa pregunta
y acumular respuestas
que son nuevas preguntas
y una vez,
y otra.

O no contestar y que siga el cúmulo
de olvidos e historias a medias,
de palabras que no se dicen,
o que no se escuchan,
de vidas posibles,
de momentos que iluminan
y hacen, y deshacen,
y oscurecen,
y se olvidan,
y se quedan.

Y al final, la respuesta sencilla,
la misma que sirve para cualquiera
aunque pretendamos nuestra singularidad, nuestra infinitud,
nuestra parte en el centro de un universo que siempre va a estar en otra parte,
y siempre demasiado lejos.

¿Quién soy?

Un nombre, unos rasgos,
y un puñado de adjetivos, simplemente,
nada más,
y probablemente,
nada menos.

domingo, 17 de agosto de 2014

El otro lado de la inmortalidad

Este es el tiempo en que no estás,
el infinito tiempo en que no estás,
el inabarcado tiempo en que no estás,
el insoportado tiempo en que no estás.
Este es el sitio en que no estás,
el vacío sitio en que no estás,
el árido sitio en que no estás,
el desolado sitio en que no estás.
Esta es la vida en que no estás,
la infinita, inabarcada, insoportada,
vacía, árida, desolada vida en que no estás.
Porque no estás.
Porque no estarás.
Porqué elegí el silencio,
inventar que estabas,
imaginar que algún día,
sin decir nada,
estarías aquí,
cerca de verdad,
cerca de sentirte cerca,
de saberte cerca,
de que estés cerca,
de mirarte y verte
y acariciarte y que las caricias digan,
y que estés, así de simple,
que estés y yo sepa que estás.
Pero callé, por si no venías,
porque ya casi ni recuerdo
qué significaba estar,
porque no puedo olvidar ni olvido
qué significaba estar.
Porque estuve, y he estado tantas veces,
que prefiero imaginar que estamos,
cerrar los ojos, inventarte cerca,
estar en un estar perfecto,
congelado, pétreo,
estar sin que tu estés, aunque estés lejos,
estar e imaginar que cuando brillas,
y sonríes,
y danzas como si estuvieses viviendo,
y vives y miras al horizonte,
y suspiras de repente,
y te muerdes el labio,
y musitas un nombre,
y yo sé que es otro nombre,
y yo guardo silencio,
y no te cojo la mano,
y no te digo,
y no hago nada,
y espero
y sigo esperando todavía
todo,
nada,
algo,
que estés,
que vengas,
que lo que sea,
y yo sepa,
en ese instante en que todo se junta,
ese instante, justo ese
en que sé que es el momento preciso,
precisamente ahora,
te mire,
tome tu mano,
y te diga,
pueda decirte
que...
que...
Este el silencio en que estás,
el horrible silencio
en que siempre estás.

sábado, 16 de agosto de 2014

Kebab

Y en ese minuto que precede al silencio
vino la lluvia y me arrancó los huesos,
vino el aire y me robó las sienes,
vino la tierra y me arrojó tan lejos,
en ese minuto que precede al silencio.
En ese segundo que sigue al infierno,
se marchó la tormenta y me dejó los huecos,
se alejó la marea y se llevó los anhelos,
se borraron las leyenda y quedó otro recuerdo,
en ese segundo que sigue al infierno.
Pero entre antes y después,
después del minuto,
antes del segundo,
tú exististe,
ni llegaste
ni te fuiste,
estuviste,
justo antes,
justo después
y sigues siendo
todo lo que queda,
de ese entonces tan distante,
de ese cúmulo, de esa grieta,
de esa lágrima, de ese olvido,
de esa tú que fuiste,
justo antes,
justo después,
tú.

sábado, 29 de marzo de 2014

Aunque a veces duela

Tenías razón:
Te echo de menos.
No sabría, no podría,
decirte cuánto.
No esperaba más que
una sutil nostalgia,
una pequeña arruga,
una pausa para sonreír
a la sombra de un recuerdo.
No esperaba esta falta de sueño,
esta falta de aliento,
esta falta profunda,
esta falta de que tú...
de que tú estés y vivas
y yo esté y te mire,
y a veces sea yo el que viva
y tú me mires
y yo me encoja,
me haga un ovillito aquí dentro,
y te mire
y me mires
y entonces mis manos
y entonces tus manos
y sonrío
y sonríes
y entonces.
Tenías razón,
nunca pensé
en echarte tanto de menos.
Y sin embargo,
tenía razón,
el tiempo existe
y con él la distancia
y ese silencio que siempre me habita
y ese olvido sutil que va llenando de nuevo
ese abismo terrible de los días después
del ayer que se rehace en maravilla,
que se reconstruye mágico, que vuelve
y devuelve,
al camino del ensueño,
a ese breve espacio
en que no pudimos más que sernos,
a esa primera, única y última vez
antes de todo, después de todo,
en vez de todo.
Y ahora que el mundo otra vez acecha,
que languidece la magia entre buenas intenciones,
que volvemos a ser quiénes fuimos
antes de la tormenta, antes de ayer, antes de ti,
que nos agarramos a un millar de momentos
para recordar que sí pudimos,
que por un día habíamos sido
tremendamente capaces,
un día que ya empieza a ser antiguo,
yo quisiera seguir encontrándote
al final de mis dedos,
en el centro de mis brazos,
tal vez incluso,
ojalá,
al principio, justo al principio
de tus labios
y volver a perdernos,
y volver a hacernos,
y seguir caminando
nada más, nada menos
que seguir caminando,
aunque la vida siga y el mundo aceche
y quieran el tiempo y el olvido devorar la magia,
aunque todo pase y todo acabe y nada quede,
simplemente,
seguir caminando.